dimecres, 10 d’octubre de 2007

Editorials atrevides



Editorials atrevides…o aberrants. En 15 dies han caigut les caretes de dos diaris per la via més inequívoca, amb la seva editorial. No hi ha interpretacions, matisos ni lectures mal intencionades. Només llegim una editorial i l’altre i ens rendim davant l’evidència.

La primera que vull ressaltar és d’avui. La editorial de El País que ens dibuixa al Che Guevara (al qual molts ahir homenatjàvem i ho seguirem fent els propers dies) com a un assassí despietat i sanguinari comparable amb els membres d’Al Qaeda. L'editorial en qüestió es titula Caudillo Guevara. Així doncs, aquest diari que per més BOE del PSOE que sigui, ha estat sempre de lectura obligatori per la gent d’esquerres, pels seus continguts de qualitat i per ser el mitjà ideológicament més proper (que no coincident). Així doncs, editorial que mostra simplisme i reduccionisme del tipus: “tots els terroristes són iguals i a més són tots dolents i no tenen cap motiu per ser-ho, cosa que els fa ser més dolents encara”. Jo només li recordaria a qui hagi fet l’editorial d’una banda l’anhel de llibertat i comunisme de tots aquells pobles on va lluitar Ernesto Guevara i d’altra banda que uns lluitaven amb petites guerrilles armades amb fusells i d’altres amb exèrcits poderosos al darrera i amb servei d’espionatge.

Us deixo el lynk amb la perla.

La segona editorial és de fa uns dies. Del 24 de setembre. La nostra estimada la Vanguardia, es destapa. Molts la tenien com a uns dels últims reductes del seny català. Jo l’he tingut sempre com un lobbie pervers i manipulador. D’entre totes les reflexions gratuïtes amb la que ens propina l’editorial, em quedo amb una, per incoherent. És queixa de la falta de respecte dels qui cremen fotos del rei pels polítics espanyols i catalans. Desprès de que La Vanguardia s’hagi passat 4 anys defecant periodísticament sobre el tripartit (i especialment amb ICV-EUiA) ara té la barra de reclamar respecte als antisistema?Si us plau, una mica de coherència. Com no podia ser d’altra manera, l’hemeroteca de La Vanguardia és de pagament (privatitzada?) i no us puc lynkar l’article, així que us el passo íntegrament:

Eso no es catalanismo

De un tiempo a esta parte, proliferan las manifestaciones de un soberanismo de corte maniqueo, con frecuencia maleducado e hiriente, que envenena las relaciones de Catalunya con el resto de España estableciendo una relación de vasos comunicantes con el españolismo catalanofóbico, su gran beneficiado. La comprensión o el silencio que han rodeado la quema de fotos del Rey en Girona y la conversión del engreído treintañero incendiario en mártir de una supuesta España represora son el último capítulo de un bochornoso serial ideológico. Protagonistas de tal serial son las plataformas independentistas - que obtienen un tratamiento periodístico muy por encima de su representatividad- y algunos personajes pintorescos: aquel celebrado actor que no consigue diferenciar los ingeniosos balbuceos de su personaje televisivo de la lamentable charlatanería de sus mítines; o aquel destemplado jurista que ha conseguido notoriedad denunciando a un Estado de cuyo aparato participa.

Se trata de un soberanismo de vuelo gallináceo, tan estridente como irreflexivo, fundado en los tópicos de la visión romántica de la historia. Su relato es sentimental y sus acusaciones no alcanzan sólo al Estado, a los políticos españoles o a España en general, sino también a políticos y miembros relevantes de la sociedad civil catalana, acusados de connivencia culpable y de cobardía, cuando no de traición. Esta visión de las cosas se divulga con sospechosa redundancia, a veces en tono sarcástico e insidioso, a través de unos medios públicos que deberían respetar escrupulosamente todas las sensibilidades ciudadanas.

Este soberanismo visceral acostumbra a reclamar del Estado español, con grandes aspavientos, el pleno reconocimiento de la pluralidad interna, pero es incapaz de reconocer, siquiera de respetar, la enorme pluralidad que anida en la compleja y cambiante sociedad catalana. La desacomplejada parcialidad con que desde los medios públicos se comentan los acontecimientos deportivos es el ejemplo más popular de la falta de respeto a la pluralidad catalana. La visión despectiva de las selecciones españolas o el tradicional barcelonismo de estos medios, ya de entrada discutible (según las estadísticas, un 40% de los catalanes son forofos de otros equipos), ha derivado en los últimos años en inaceptables formas de antimadridismo. No vale la excusa de que en algunos medios públicos de Madrid se cometen los mismos errores. Los extremismos extremismos se necesitan y alimentan mutuamente, pero Catalunya -que ha salido muy fatigada del reciente cambio estatutario- necesita cordura, seriedad e inteligencia para poder plantear sus justas reivindicaciones y debe exponer sus necesidades armándose de razón, no de excesos. Nada puede perjudicarla más que aparecer identificada con posiciones infantiles, extremistas.

Es evidente que este soberanismo ruidoso y ensimismado perjudica a la causa de Catalunya, pues provoca más recelo entre los propios catalanes que seducción. ¡Flaco favor se hace a la expansión de la lengua catalana si los medios que hacen bandera de ella desprecian a tantos catalanes que sienten o piensan de otro modo! Alegrarse de la derrota de la selección de Gasol, comprender o relativizar la quema de fotografías de los Reyes, insistir desde los medios públicos en el mapa pancatalanista olvidando el masivo sentir de los valencianos o aprovechar los graves problemas infraestructurales para promocionar la enésima plataforma soberanista no resuelve nada: complica más las cosas de lo que ya están. Si el independentismo en el Govern y el nacionalismo moderado en la oposición siguen manteniendo una relación ambigua, amable o acomplejada frente a estas minorías, lo pagarán caro. En este momento grave, la sociedad catalana exige seriedad, pragmatismo y moderación. También el socialismo que lidera las principales instituciones catalanas puede pagar caro su silencio concesivo y pragmático. A Catalunya le sobra hervor, pero le faltan palabras sensatas. Falta valentía para defender el principal legado del catalanismo: la defensa de los intereses materiales y culturales de Catalunya y la voluntad de hacerlos compatibles con el progreso de España.

La Vanguardia, 24-09-2007.



1 comentari:

Roger ha dit...

A veure què et sembla això:

http://www.libertaddigital.com/noticias/noticia_1276315029.html